Es un extraño laberinto.

Sigo aquí, un poco dándole vueltas, un tanto atascado, a esto del otro día: “¿Cómo salir de este extraño laberinto? Caminos por todos lados, mas no encuentro el camino.” Pensando que en realidad es un laberinto en sí, uno muy grande y complejo, que nos pierde, nos lía, nos maravilla, nos encuentra, nos marea, en casi todas o prácticamente todas las veces, situaciones y momentos que lo conforman. Que, como todo, tiene mil y un caminos, que tenemos que elegir sí o sí, sin darnos cuenta que en eso consiste precisamente todo, en buscar y encontrar, o al menos intentarlo, el camino. Le doy también vueltas, lo crea o no, a que muchas veces perdemos el tiempo buscando y tratando de encontrar, nerviosos y ansiosos, esta gran movida, ese gran astro magico, esa rareza que acaba moviendolo todo, no llegando a disfrutar ni sentir las cosas al cien por cien porque, sin realmente darnos cuenta, no somos capaces de pararnos a ver, observar y disfrutar, que en este gran camino, el único laberinto eres tú, somos nosotros. Y que tienes que abrir los ojos porque ya has encontrado el camino y lo único que tienes, y debes hacer, es caminar. Y porque tú eres tu única salida. Y porque sí.

Darle vueltas a todo, todo el tiempo, no tiene ni tuvo nunca sentido, por mucho que me guste, o eso parezca por la reiteración. No es necesario. Hay cosas demasiado claras. En mis profundidades más profundas hay un gigantesco yo sentado en el borde de un lago que mira en paz el atardecer mientras sonríe felizmente, que con la mayor calma del mundo cierra los ojos y sabe que la unica realidad que importa y existe está ahí, a su lado. Como he escuchado muchas veces, existe una organización en el caos, de la mima manera que entre todo el ruido siempre acabamos discerniendo el silencio, o la melodía, aquello que nos hace, inevitablemente, felices. Y sí, es cierto, entre toda la mierda, todo el ruido, todo el sinsentido de la vida, siempre existirá, lo sepas, tengas o quieras, esa inmensidad inabarcable, que solo con mirarla, te da la mayor paz y felicidad que existe.

Tiene una profundidad extraña esa frase, es curiosa, tiene un poso infinito. La lees, y sin quererlo, la lees y la lees y la vuelves a leer. Es inevitable. ¿Es realmente extraño ese laberinto? No, creo que no. Porque, ¿no somos acaso nosotros mismos esa misma construcción serpenteante que se bifurca, separa y disgrega? La sonoridad del último trozo me fascina, “mas no encuentro el camino”. Miro al horizonte, donde el sol se esconde cansado del largo día, dejando caer sus anaranjados brazos, rojizos, un tanto morados al final, verdes si tienes suerte, y cada vez lo veo más y más claro. Existe entre esos caminos, en el extraño y serpenteante laberinto que hemos, y seguimos construyendo, una verdad que conozco, que durante algún tiempo, y por error, miré con recelo, pero a la cual no puedo, ni quiero, dejar de mirar. Y no solo la miro. La rodeo, le susurro, la rozo, la acaricio, me acerco y la siento, la abrazo y la hago mia. Como nunca, consciente, feliz, en paz. Feliz.

No puedo dejar de pensar, que la fuerza con la que me ha golpeado su significado puede que sea directamente proporcional a la intencionalidad con la que la he sentido. Porque para mí está vestida, coronada, humaredas de ese intenso aroma se desprenden de ella misma sin parar, constante y energicamente, de esa esencia, ese poder, que le atribuye un significado particular, que lo tiene para mí pero no para ti. O igual sí. Y es que, si lo pienso bien, es ahora mismo una constante tan gigante que me rodea y me hace participe activo de su órbita que cada milímetro recorrido, cada trozo de metraje visionado y cada nota escuchada, abandera tan fuertemente esa pasión que se me hace imposible no sentirla bajo esa constante, bajo ese poder. Con sinceridad, tampoco quiero otra cosa. La rodeo, le susurro, la rozo, la acaricio, me acerco y la siento, la abrazo y la hago mia. Y cada día más.

Vivo en el laberinto. Ya no es extraño. Y no quiero salir.

La frase, “¿Cómo salir de este extraño laberinto? Caminos por todos lados, mas no encuentro el camino.”, sale en el libro ‘La señora March’ (Virginia Feito), aunque es parte de otro libro: “Corona de sonetos dedicados al amor”, de Mary Wroth.

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stories with spoilers @assssssier

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